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Miel de montaña: la llamamos miel de montaña porque es aquella que recolectan las abejas a partir del néctar de la gran variedad de flores silvestres y arbustivas que crecen en los ecosistemas de alta montaña, en entornos privilegiados, limpios y alejados del nivel del mar donde conviven de forma natural los pastos alpinos y el matorral mediterr...
Miel de montaña: la llamamos miel de montaña porque es aquella que recolectan las abejas a partir del néctar de la gran variedad de flores silvestres y arbustivas que crecen en los ecosistemas de alta montaña, en entornos privilegiados, limpios y alejados del nivel del mar donde conviven de forma natural los pastos alpinos y el matorral mediterráneo. La floración en estas altitudes es tardía, concentrándose con el estallido de la primavera avanzada y el inicio del verano.
Esta variedad presenta de forma natural un imponente color ámbar oscuro, que suele acompañarse de atractivas tonalidades rojizas al trasluz. En el plano sensorial, destaca por un aroma floral intenso y persistente con sutiles toques afrutados. En boca, ofrece un sabor deliciosamente dulce y complejo, que puede presentar sugerentes notas ligeramente ácidas o saladas si en el entorno de las colmenas predominan especies de montaña como el brezo o los mielatos de bosque. Debido a la altitud de su origen y a su rica composición natural, es una miel de consistencia densa y de cristalización muy lenta, manteniendo su fluidez por largo tiempo.
Nota de seguridad: Al tratarse de una miel artesanal pura, cruda y recolectada mediante métodos tradicionales, recuerde que, por motivos de prevención en la alimentación infantil, no se recomienda su consumo en menores de 1 año.